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La participación ciudadana en los presupuestos.

Niñas y niños ante una maqueta de la ciudad que desean. Elx.

José Luis Furlan                         

Consultor en Descentralización, Gobierno y Desarrollo Local .

Centro Latinoamericano de Estudios Locales
A finales de los años ochenta en la ciudad brasileña de Porto Alegre nació un nuevo concepto de gestión del dinero público: los presupuestos participativos. Un modelo por el que las organizaciones sociales y los vecinos del municipio deciden en qué quieren invertir parte de los fondos públicos y cómo quieren hacerlo. Aquella idea se convirtió en una realidad que ha transformado la ciudad con un proyecto que en poco tiempo se extendió por todo Brasil y se popularizó en América Latina para después dar el salto a Europa, Asia y África.

El profesor Yves Cabannes es catedrático del University College de Londres y el experto de referencia de las Naciones Unidas en el estudio y seguimiento de estas iniciativas populares que persiguen democratizar la gestión de las ciudades y acercar a los ciudadanos a la vida pública.

Su experiencia de veinte años de trabajo sobre el terreno le han demostrado que este modelo de gestión pública “contrarresta y frena la corrupción. En primer lugar el vecino se da cuenta de cuánto dinero hay y está mucho más informado de las necesidades y recursos de la ciudad, por lo que tiene una visión más racional de lo público; y en segundo lugar porque los vecinos controlan la ejecución de los proyectos, saben cuánto dinero se ha destinado a cada uno de ellos y este control evita la corrupción”, explica el profesor Cabannes.

Porto Alegre, el paradigma de esta iniciativa es, según Cabannes, un ejemplo de la capacidad de transformación que tiene la participación ciudadana “principalmente porque la gente ve lo que se puede hacer, aunque es evidente que las ciudades se transforman dependiendo de la riqueza y del porcentaje del presupuesto que los gobiernos locales dediquen a los presupuestos participativos”.

No existe una receta única para este tipo de experiencias y Cabannes insiste en que cada ciudad debe tener en cuenta su propia idiosincrasia a la hora de diseñarlas; “el problema es quién diseña el modelo, porque no pueden hacerlo los líderes políticos, deben ser las organizaciones sociales las que lo hagan”, apunta el profesor.

Una opción por la que optan algunas ciudades es la de poner en práctica estas experiencias en parcelas muy concretas. Por ejemplo, en la región francesa de Poitou-Charentes, que preside la socialista Ségolène Royal, los vecinos tienen el poder de decisión sobre cómo se gasta el dinero disponible para los centros de educación secundaria.

Los presupuestos participativos han generado a lo largo de estos años halagos casi al mismo nivel que críticas. El riesgo de politización de las asambleas ciudadanas que transmiten al gobierno local sus prioridades es una de ellas.

Como conclusión Cabannes señala el hecho de que la puesta en marcha de estas iniciativas depende de la voluntad de los políticos de perder cierto poder casi al mismo nivel que de la voluntad de implicación de los vecinos en el proyecto. Los hay que ven en esta idea de gestión del gasto público una utopía, sobre todo en países europeos. Cabannes cree que el sistema puede ser complejo, pero los resultados son reales.

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